El interiorismo español experimenta su mejor momento tras la crisis de 2008. El sector inmobiliario se ha intensificado desde la pandemia, consolidando un crecimiento sostenido que favorece la creación de nuevos estudios y la expansión de firmas consolidadas. Lo relevante es el cambio de rol del interiorista, quien ha dejado de ser una figura asociada solo al final del proyecto para convertirse en un agente estratégico desde el primer minuto. Ahora acompaña decisiones de inversión, no solo decisiones estéticas. La rehabilitación se ha convertido en el gran motor del sector, con más de 55.500 viviendas visadas, duplicando los niveles de 2019. La entrada masiva de capital internacional, especialmente en Madrid y Barcelona, ha sofisticado el mercado en tiempo récord.
