Meta desafía el consenso de Silicon Valley con inversión de 2.000 millones en startup china de IA, rompiendo años de repliegue tecnológico. La operación genera tensiones geopolíticas inmediatas: Pekín la califica de conspiración mientras Washington activa revisiones regulatorias del CFIUS. El movimiento contrasta con la estrategia de Microsoft, Google y Amazon, que reforzaron alianzas en India y Oriente Medio. Meta busca acceso a talento y datos de entrenamiento que escasean en Occidente. La compañía canalizó la inversión mediante vehículos intermedios para sortear restricciones directas, pero queda expuesta a sanciones cruzadas. Bruselas prepara su propia revisión bajo el DMA. El mercado descuenta consecuencias regulatorias significativas en ambos lados del Pacífico para la cotización de Meta.
