Paradoja de la riqueza sin bienestar. El economista Emilio Duró advierte que vivimos en una sociedad con más recursos materiales que nunca, pero con creciente insatisfacción personal. Aunque la abundancia económica ha aumentado exponencialmente, nuestra estructura mental permanece anclada en la escasez, convirtiendo la riqueza en un fin en sí mismo en lugar de una herramienta. El problema radica en medir el éxito por comparación constante con otros, generando frustración permanente. Duró señala que el cerebro humano está programado para detectar amenazas, no para valorar lo que ya posee. La educación se ha enfocado en producir y acumular, pero no en gestionar el tiempo, las relaciones y el sentido vital. El verdadero activo no es la riqueza económica, sino el tiempo de vida, aspecto frecuentemente sacrificado en la búsqueda de ganancias materiales.
