Irán amplifica riesgo energético global. El recrudecimiento del conflicto en Irán genera una perturbación significativa en los mercados energéticos internacionales, con implicaciones potencialmente superiores al shock de 2022. A diferencia de Rusia, Irán ha provocado daños en infraestructuras clave y el cierre del estratégico estrecho de Ormuz, afectando directamente el transporte de petróleo mundial. Esta disrupción geográficamente sensible ha incrementado volatilidad y volatilidad en precios globales. Las economías asiáticas enfrentan impacto inmediato, mientras Europa y Estados Unidos comienzan a sentir presión inflacionaria. Las respuestas políticas menos coordinadas que en 2022 sugieren que el conflicto podría prolongarse.
