La crisis de la vivienda en España impide que trabajadores con salarios medios vivan independientemente. Marta, de 34 años con contrato indefinido y 1.576 euros netos mensuales, comparte piso porque un estudio de 25 metros cuesta 900 euros. Aunque los salarios subieron 3,53% en 2025, apenas suma 40 euros extra al mes, insuficiente frente al costo de vida. Las estadísticas del INE muestran recuperación económica y empleo récord, pero la realidad de las calles contradice estos números. La inflación moderada al 3,4% no refleja el precio real de la vivienda. Para generaciones de treinta y tantos años con empleos estables, la independencia se convierte en un privilegio inalcanzable, no en un derecho económico básico.
