El agua se convierte en el cuello de botella de la transición energética. La producción de una tonelada de litio requiere hasta dos toneladas de agua dulce, un recurso cada vez más escaso. La minería de litio, cobalto y cobre se concentra en zonas desérticas donde la competencia por agua es feroz entre usos industriales, agrícolas y domésticos. La Agencia Internacional de la Energía proyecta un aumento del cuatrocientos por ciento en la demanda de litio para alcanzar neutralidad de carbono en dos mil cuarenta. Además, la disminución de la ley mineral podría generar un déficit de suministro de cobre del treinta por ciento para dos mil treinta y cinco. Esta situación intensificará aún más el estrés hídrico global, amenazando tanto la transición energética como la seguridad alimentaria en regiones ya vulnerables.
