Reino Unido enfrenta turbulencia política sin precedentes. El primer ministro Keir Starmer lucha por su supervivencia política mientras el alcalde de Mánchester, Andy Burnham, busca desplazarlo mediante primarias internas. La mayoría laborista que parecía sólida hace apenas dos años se ha desmoronado completamente, con proyecciones de voto cayendo del 33,7% al 17%. Los mercados observan atentamente esta inestabilidad institucional. La economía muestra signos mixtos: el PIB creció 0,6% en el primer trimestre, liderando el G7, pero el desempleo subió a 4,9% y la inflación persiste en 3,4%. El sistema bipartidista británico se tambalea mientras Reform UK gana terreno como alternativa de derecha populista. Si estas tensiones políticas continúan, podrían afectar la estabilidad fiscal y las decisiones de inversión en los próximos meses.
