La Autoridad de Conducta Financiera británica intensifica su supervisión del sector de crédito privado ante preocupaciones sobre posibles riesgos sistémicos. El regulador investiga si las firmas reconocen adecuadamente las minusvalías en sus carteras, especialmente en sectores como utilities, centros de datos e inteligencia artificial. A diferencia de la banca tradicional, el crédito privado tiende a contabilizar rápidamente ganancias no realizadas mientras retrasa el reconocimiento de pérdidas, generando falta de transparencia. Gigantes como Apollo, Ares, Blackstone y Carlyle dominan este mercado en expansión, cobrando intereses más altos que la banca convencional. La FCA también examina si estas firmas consideran adecuadamente las calificaciones de deuda al otorgar créditos, buscando evitar una posible crisis que afecte la economía general.
