Sam Bankman-Fried pudo haber acumulado cien mil millones de dólares si FTX no hubiera colapsado. El fundador encarcelado realizó inversiones tempranas en Anthropic y Cursor, empresas de inteligencia artificial ahora valoradas en miles de millones. Sin embargo, estas apuestas fueron financiadas con fondos robados a clientes. Bankman-Fried cumple una condena de veinticinco años por orquestar uno de los mayores fraudes financieros de la historia, defraudando más de ocho mil millones de dólares. Su imperio de criptomonedas generaba enormes ganancias mediante comisiones de operaciones, permitiéndole invertir agresivamente en startups tecnológicas. El caso ilustra cómo el acceso a capital masivo puede generar retornos extraordinarios, pero también cómo la falta de regulación y supervisión en criptomonedas facilitó el fraude sistemático.
