María Jesús Montero deja el Ministerio de Hacienda tras ocho años con un balance crítico. Durante su mandato aprobó solo tres presupuestos generales, dejando al país funcionando con prórrogas consecutivas y sin cumplir mandatos constitucionales. En los últimos tres años ni siquiera presentó propuestas presupuestarias. Su gestión subordinó las cuentas públicas a estrategia política, resultando en una España más endeudada, con menor certidumbre fiscal y credibilidad institucional comprometida. Su rol en la condonación de deuda a Cataluña y la financiación singular generó desigualdad entre comunidades autónomas. El Ministerio queda exhausto sin estabilidad presupuestaria lograda, marcando un legado de inacción en política fiscal durante años críticos de pandemia, inflación y cambios económicos.
